Hoy en día cualquier empresa tiene su propio website, con mejor o peor diseño, o mayores y menores funcionalidades.

El website corporativo se ha convertido en algo que es obligatorio tener. Se realizan casi de una manera automática, contando quienes somos, que vendemos, y como se puede contactar con nosotros. Poca gente analiza en profundidad que hacen sus clientes al visitarlas: donde se paran, en que página las abandonan o que contenido es el más atractivo. No, eso no es importante, sólo nos preocupa el número de visitantes y el de formularios que hemos recibido.

Pero pensemos por un momento, ¿responden nuestras webs a la necesidad real de nuestras empresas y sobre todo, a la necesidad real de nuestros clientes? Lamentablemente, la respuesta en la mayoría de los casos es que no. Pensemos por un momento en la página web de la empresa en la que trabajamos. Cuando esta se llevó a cabo y se lanzó: ¿Se pensó realmente en cual era el cliente prototipo de la empresa? ¿Se pensó en lo que la empresa vendía? ¿O cuál era el mensaje que se quería transmitir a los clientes potenciales y al mercado? Seguro que no. Normalmente la decisión que prima a la hora de realizar una web es el diseño.

No olvidemos que la página web es la primera imagen que muchos clientes tienen de nuestra empresa. Una web tiene que apoyar nuestro mensaje, tanto a nivel de diseño, como de contenido. Una web tiene que dar valor a nuestros clientes, tanto si es meramente informativa como si es un elemento de relación donde ellos puedan ponerse en contacto con nosotros y tener una respuesta. Una web es nuestra puerta de nuestra empresa al mundo, y nosotros tenemos que decidir cómo queremos que la gente entre por ella. Por eso, a la hora de pensar en hacer una web nueva, o cambiar la que tenemos, hemos de pararnos durante un momento y pensar: ¿Cuál va a ser la utilidad que mis clientes van a buscar en mi web?, ¿Buscan sólo información o esperan un punto de encuentro donde les resolvamos sus dudas?, ¿Buscan conocer cuáles son nuestros últimos lanzamientos o información sobre productos descatalogados? E incluso preguntarnos, ¿Necesito un website o lo que realmente va a resolver las necesidades de mis clientes es un perfil en una red social como Facebook o Twiter?.

Mi consejo es que no hagamos las cosas sin pensar sólo porque lo hace todo el mundo, las soluciones estándar ya no existen, vivimos en un mundo donde cada uno puede crear su propia solución, la tecnología nos lo ha permitido.

Editado de El blog de Germán Piñeiro